Nuestros estados internos y en buena medida nuestras emociones y sentimientos, son la consecuencia de nuestras representaciones mentales y la forma como las encadenamos, es decir, nuestras estrategias mentales.

Lo que pensamos y lo que sentimos ante las experiencias que vivimos son fruto de nuestras percepciones. Lo que procesamos mentalmente está construido con secuencias de lo visto, oído y sentido; que estructuramos de forma subjetiva dependiendo de nuestra propia forma de filtrar nuestras percepciones. En el curso de Practitioner de PNL estudiamos como actuan estos filtros de percepción.

De ahí viene la descripción de la PNL que la define como el estudio de la estructura de la experiencia subjetiva.

Nuestra mente elabora sus propios archivos y recuerdos cogiendo como base una pequeña parte de lo que recibe, filtrada y desvirtuada por nuestro proceso de percepción.

Cuando percibimos algo, seleccionamos una modalidad del sistema representacional (lo que vemos, oímos, saboreamos, olemos, tocamos o las sensaciones corporales que tenemos). Y con esa selección, construimos nuestras representaciones internas, y después les damos un Significado.

Al mismo tiempo que asignamos ese Significado, se vincula a él nuestro estado fisiológico (postura o actividad muscular que estamos realizando en ese momento) de forma que se crea nuestro estado interno.

Y finalmente, en función de nuestro estado interno, se produce nuestra respuesta al suceso inicial.