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Canciones que se vuelven anclas

La música ha estado presente en nuestra vida desde niños. Todos recordamos la música de nuestros dibujos animados favoritos, o la música que sonaba antes de que empezara un espectáculo de circo. Basta con que escuchemos las primeras notas para que se nos venga a la mente imágenes de una carpa, unos payasos y quizás hasta lleguemos a sentir esa ilusión que teníamos de pequeños cuando sonaba esa música e iba a empezar la función.

Lo mismo pasa con las canciones. Todos tenemos canciones favoritas, que nos trasladan a un momento especial de nuestra vida como un viaje que hemos hecho, una cena romántica o un momento divertido. También puede pasar que una canción que no nos gustaba se vuelva una de nuestras favoritas. Si vivimos una experiencia agradable o divertida mientras suene esta canción, ya no pensaremos que no nos gusta cuando volvamos a escucharla. Lo único que nos vendrá a la mente serán los recuerdos, las imágenes y las sensaciones de esta bonita experiencia que nuestra mente ya habrá asociado a esta música.

Más allá de anclas personales, hay canciones que se convierten en anclas colectivas.

Las “canciones de verano” son un buen ejemplo de eso. Si las analizamos, vemos que tienen muchas características en común: un ritmo pegadizo, un video con imágenes que todos asociamos al verano (el sol, la playa, las palmeras…) y a menudo una coreografía que se va repitiendo. Estas canciones activan por lo tanto todos nuestros canales sensoriales. Se suelen lanzar unas semanas antes de que empiece el verano, de tal manera que ya ayudan a nuestra mente a proyectarse en una temporada que todos esperamos y que asociamos a momentos agradables. Cuando ya estamos en julio o agosto, suenan por todas partes y vamos escuchándolas en el bar, en la playa, en el coche… Vamos aprendiendo la coreografía en las fiestas a las que asistimos y sin que nos demos cuenta estas canciones van formando parte de nosotros. Si en pleno invierno vuelven a sonar en la radio, nuestra mente se trasladará en seguida al verano, empezaremos a sonreír y es muy probable que nos sintamos más animados cuando se acaben. Y si 20 años después vuelven a sonar en un bar o una discoteca, muchos nos vamos a poner a cantar y empezar a bailar la coreografía del video. El anclaje es tan fuerte que la letra y los gestos se activarán automáticamente en cuanto escuchemos las primeras notas.

Y si vamos un poco más allá, podemos encontrar canciones que se han convertido en un ancla universal.

El “Waka Waka” de Shakira es un buen ejemplo. Para recordar esta canción, vamos a viajar en el tiempo hasta llegar al 2010. Ese año tuvo lugar un evento planetario, el Mundial de Fútbol en Sudáfrica, y la FIFA le pidió a Shakira que compusiera el himno de la competición. Era un reto importante porque la canción debía ser un éxito mundial.

Para cumplirlo Shakira usó varias estrategias. Compuso una melodía que incorporara sonidos africanos para recordar el país donde iba a ocurrir el Mundial, y escribió dos versiones de “Waka Waka”, una en inglés y otra en español, de tal manera que el máximo de gente pudiera entender la letra. Pero si nos fijamos en el estribillo, lo que solemos memorizar primero en una canción, nos damos cuenta que no está ni en inglés ni en español sino que viene de un canto popular de Camerún. Casi nadie sabe qué significan esas palabras y al no tener un significado para nadie se han vuelto universales. Al final el título de la canción en sí es un ancla, sólo podemos asociar las palabras “Waka Waka” a la canción de Shakira ya que no existen fuera de ella.

El video, en el que aparecen jugadores de fútbol de varios países y que empieza asociando al espectador a un gol decisivo, también ayuda nuestra mente a conectar la canción con el Mundial. Cada vez que lo miramos, recordamos la tensión que sentíamos durante los partidos y la alegría que se apoderaba de nosotros cuando el equipo que apoyábamos ganaba el partido.

El toque final es la pequeña coreografía creada por Shakira cuando canta el estribillo: unos movimientos muy sencillos de manos y brazos que tanto un niño como un anciano pueden realizar. La canción ya no conecta sólo con nuestra mente sino también con nuestro cuerpo, transformándose en un anclaje muy potente.

10 años después “Waka waka” sigue teniendo mucho éxito y es una de las canciones más esperadas por el público cuando Shakira da un concierto. Basta con que suenen las primeras notas para que la gente se emocione y cuando empiece el estribillo, todo el estadio se pone a cantar y bailar al mismo momento. El nivel de energía sube mucho en ese momento y es así como el anclaje sigue activándose e incluso se va reforzando.

¿Y para ti, qué canción se ha convertido en tu ancla?

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