¿Cómo se generan los malentendidos?

Acuerdo

Un primer paso para abordar la resolución de conflictos

 


 

Por lo general podríamos afirmar que los malentendidos vienen de diferentes comprensiones e interpretaciones de un mismo hecho por dos o más personas.

Y estas diferentes maneras de comprender e interpretar vienen de cómo hemos ido creando con los años nuestra forma subjetiva de comprender lo que ocurre a nuestro alrededor, fundada en las creencias que hemos ido interiorizando.

“Hay que desconfiar de las personas” o “si uno no quiere dos no se pelean”, por ejemplo.

Y los valores sobre los que hemos ido desarrollando nuestras estrategias vitales.

«Lo más importante es el respeto por el otro» o «lo más importante es la autoestima y hacerse valorar”.

 

Imaginemos que nuestro hijo o hija se ha peleado con un compañero o compañera de clase.  Es muy probable que la visión de la discusión de cada chico, de los padres de cada uno de los chicos, la visión del profesor o profesora y la visión del director o directora del centro educativo sean distintas.

Los chicos o chicas que han discutido habrán observado la conducta del otro, los rostros, los movimientos corporales, las palabras que se han pronunciado. Todos estos aspectos tienen importancia a la hora de entender lo ocurrido durante la discusión a un nivel más profundo.

 

Normalmente el hecho sobre el que se discute no es tan importante como lo que significa este hecho para cada una de las personas involucradas.

 

Además, sin querer, lo que ha observado cada una de las personas podría no corresponder por completo a lo ocurrido. Por ejemplo algún aspecto puede haber sido exagerado, alguien podría haber pasado por alto algún detalle, o haber comparado la discusión actual con discusiones anteriores que posiblemente han generado reacciones automáticas porque “gato escaldado con agua fría le basta”.

Uno de los padres puede haberse fijado especialmente en las palabras utilizadas en la discusión porque para esa persona los insultos son una falta de respeto.

Otro de los padres puede haber prestado atención a si ha habido algún tipo de interacción física, porque podría  significar un abuso injusto y un deseo de agresión.

Alguno de los profesores podría haber prestado atención en quién o cómo ha empezado la discusión porque quizás esto quiere decir que alguno de los niños no tiene buenos modelos en su casa, y el profesor o profesora se siente solo o sola a la hora de dictar unas normas de comportamiento.

Quizás el director o directora del centro en cuál ha sido la actuación del profesor o profesora en el momento de la discusión, para que piense que este profesor o profesora no sepa poner límites a las clases.

Ya sólo estos aspectos pueden generar grandes diferencias a la hora de valorar lo ocurrido.

 

¿Y cómo abordamos este tipo de situaciones?

En primer lugar, sabiendo que todo esto puede y suele ocurrir (y ocurre) y por eso es muy importante mantener un estado de serenidad para poder comprender lo que ha visto e interpretado cada una de las partes implicadas.

 

Es necesario parar y escuchar para comprender.

 

Esto requiere un cierto grado de entrenamiento en prestar atención y escuchar con paciencia a cada una de las partes, sin juzgar, con el interés puesto en comprender y no en otorgar la razón a una u otra persona.

Según un dicho budista, cuando comparto una vivencia con otra persona siempre hay tres verdades, mi verdad, su verdad y la verdad.

La verdad suele ser más compleja y difícil de averiguar al cien por cien, pero es mucho más completa, más rica en matices y más clarificadora, porque se acerca más a todas las verdades involucradas.

 

Artículo publicado en https://9magazin.el9nou.cat/entenent-malentesos/

Eulalia Robert
Eulalia Robert
Profesor Didacta PNL / Coach Certificada

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