Desde los inicios de la Programación Neurolingüística, hacia 1975 en Estados Unidos, la disciplina se ha ido conociendo, aprendiendo y practicando en casi todos los rincones de nuestro planeta. Parece que el marco de trabajo que propone la PNL encaja con filosofías de diferentes culturas, algunas de ellas incluso muy antiguas y provenientes de lugares muy lejanos entre sí.
En un afán para ir comprendiendo el pensamiento humano, la gestión de las emociones y sentimientos, la observación de estrategias vitales, las diferentes creencias y valores que aportan mayor bienestar a los seres humanos, últimamente he estado revisando cómo se explican las bases de la PNL en una escuela china en la cual se imparte formación y entrenamiento en PNL.
Lo primero que me llamó la atención es que de cada una de las presuposiciones básicas sobre las cuales reposa la PNL, entre ellas que el “mapa no es el territorio”, en China se explican con muchos más matices y ejemplos que en los manuales y libros que conozco de lo que podemos denominar “cultura occidental”.
Las bases de la PNL se basan en el hecho que la experiencia humana es subjetiva, algo que los antropólogos ya conocen muy bien por sus análisis comparativos de diferentes culturas. La forma de explicar esta presuposición básica, se aborda en China desde una filosofía muy elaborada durante siglos. Para describir la subjetividad de la experiencia humana, en la cultura china existen expresiones populares como “kanshanbushishan”, traducido como “la montaña que ves no es la montaña”. Podríamos explicarlo como “lo que ves no es la realidad”, es solo tu “idea de la realidad”. Dentro de este mismo contexto se aborda de forma más general que “dos personas no pueden ser iguales” puesto que sus creencias, valores y lo que denominamos “sistemas de normas” son diferentes, dado que sus experiencias vitales son diferentes. Además, no solo aceptan como un hecho fundamental que dos personas no podemos ser nunca iguales sino que en lugar de ver en esto una dificultad ven un valor, el de que las diferencias entre las personas construyen un mundo más variado y curioso.

El hecho que las perspectivas entre personas sean diferentes es una forma de enriquecer la comprensión del mundo que nos rodea. Desde esta perspectiva consideran que, a pesar de que dos personas no puedan ver el mundo del mismo modo, sí que pueden escucharse, respetar las diferentes miradas y construir buenas relaciones. Dar espacio a que otra persona exprese sus creencias, valores y “sistemas de normas” permite generar una comunicación eficiente y respetuosa. Cuando respetamos la forma de ver el mundo de otra persona, estamos facilitando que otra persona también escuche, comprenda y respete nuestra manera de percibir el mundo. El hecho que dos personas tengan formas diferentes de ver el mundo no solo es normal, sino que incluso no podría ser de otro modo. Este matiz es muy interesante porque viene a decir que a pesar de que dos personas se esfuercen en ver el mundo del mismo modo no podan conseguirlo totalmente. Es muy interesante porque esto quiere decir que “yo no puedo convencer  a otra persona de mis creencias”, solo puedo compartirlas con ella y que sea la otra persona que se acerque a mi manera de comprender el mundo desde su propia experiencia. Y esta es la base de una comunicación eficaz.

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