¿A qué nos referimos cuando hablamos de “anclar una experiencia” en PNL?

¿A quién no le ha ocurrido de escuchar una música o ver una foto y recordar, de repente, una situación vivida? Seguramente hay olores que nos recuerdan a personas o lugares específicos.

La conexión entre ver una imagen, escuchar un sonido o notar alguna sensación y que aparezca, de forma inmediata, un recuerdo, es algo que puede ocurrir varias veces durante el día.

En PNL esta conexión entre ver una imagen, sentir algún sonido, notar un olor, un sabor o tener alguna sensación táctil y que aparezca de repente un recuerdo determinado, se denomina anclaje.

Un anclaje recibe también el nombre en psicología de reflejo condicinal o condicionamiento clásico.Se trata de una característica del sistema nervioso, que nos facilita aprendizajes rápidos en forma de estímulo-reacción.

Ivan Pavlov (fisiólogo y psicólogo ruso) estudió conductas de los perros, a los que daba comida al mismo tiempo que hacía sonar una campanita. Al cabo de un tiempo los perros habían asociado de forma inconsciente el sonido de la campanita al acto de comer, y sólo escuchando la campanita ya empezaban a salivar. Pavlov creó anclajes en los perros, en los cuales el estímulo auditivo de la campanita activaba la reacción fisiológica de la salivación.

Los anclajes hacen que podamos recordar de una forma inmediata estados y emociones de situaciones vividas y pueden llegar a ser tan intensas, que sólo de escuchar una música podemos notar en nuestro cuerpo las sensaciones fisiológicas del momento al cual nos transporta la música.

Esto también nos puede pasar con experiencias desagradables: los anclajes pueden hacer que después de un mal momento, por ejemplo un susto o un accidente, aparezcan reacciones exageradas delante de estímulos concretos. Si esta mañana me he asustado porque casi me atropella un autobús, es muy probable que durante un tiempo, la imagen o el ruido de un autobús me active el recuerdo y mi cuerpo vuelva a sentir la misma sensación de miedo. Esta reacción es instantánea, automática y no controlada por nuestra mente.

Todos tenemos muchos anclajes aprendidos de los cuales no somos conscientes. Los anclajes pueden hacer que cambiemos de estado de ánimo de forma instantánea. Si estábamos de buen humor y de repente comenzamos a sentirnos molestos, podría ser debido al hecho que se ha activado un anclaje inconsciente que nos trae recuerdos incómodos o desagradables.

Lo interesante y la buena noticia sobre los anclajes es que podemos aprender a anclar a voluntad experiencias agradables. Si, por ejemplo, en el momento de estar viendo una puesta de sol, desde un estado interno de paz, hacemos algún gesto con las manos o dedos, si el anclaje está bien hecho, cuando repetimos este gesto, aparece el recuerdo de la puesta de sol, y lo que es más importante, la sensación interna de paz.

La PNL nos enseña a anclar estados agradables y también a desanclar estados desagradables o dolorosos. Anclar o desanclar no modifica nuestro recuerdo de los hechos sucesos, lo único que hace es intensificar la sensación interna que va asociada al recuerdo.

 

 

 

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